San Juan

San Juan fue realizado por Francisco Salzillo en 1755, saliendo por primera vez en procesión al año siguiente.

Paso de San Juan

San Juan

Ya con anterioridad la Cofradía le había encargado uno de vestir en 1748 para sustituir al viejo realizado en el siglo XVII que había sufrido las consecuencias de la riada de San Calixto. El de 1748 pasó a la Ermita del Calvario que existía en el Malecón y fue enlienzado y muy transformado en el siglo XIX por el escultor Sánchez Tapia. Forma parte del paso del Cristo del Perdón de la iglesia de San Antolín.

La efigie de San Juan ejemplifica y resume Al fondotoda la tradición de la plástica barroca como “arte de síntesis, como sistema e investigación de la tridimensionalidad y de la corporeidad que transmiten sus formas”, como ha señalado el profesor Belda.

Con gesto de andar, con manto recogido por su mano derecha, señala mientras con la otra el camino por donde llevan a crucificar a Cristo. La sustitución del antiguo San Juan supuso un cambio de iconografía puesto que el de vestir representaba al evangelista con la palma mientras esta versión buscó su vinculación pasionaria al cortejo.

Salzillo se enfrentaba a una nueva problemática, la de representar una figura aislada. Ha de ir en solitario, avanzando al ritmo de la procesión, en actitud de caminar, en posición de contraposto. La imagen de cuatro perfiles, que había que contemplar en redondo, debía dar la sensación de movimiento.

El profesor Julián Gallego comparó el San Juan con el Apolo del Belvedere, ambos modelos juveniles movidos por un espíritu celestial. En el de Salzillo destaca “su forma de andar, la serena belleza de su rostro, la envolvente atmósfera que sugieren la separación de sus brazos y piernas, el giro de su cabeza, la noble expresión de su figura y la sensación de vida que transmitían sus bellas formas”.

Para el profesor Belda supone el modelo ideal para la escultura barroca española del siglo XVIII por su perfecta unidad de forma y de color: “la escultura está concebida como síntesis del arte del volumen, como dueña de su propio entorno, avanzando en el mismo cuanto permite la calculada ejecución de sus distintos planos, dando similar entidad e importancia a la contemplación en redondo”. Talla y policromía conviven en perfecta armonía. La talla modela unas formas corporales bellas y un delicado ademán a partir del trabajo minucioso en el manto y la túnica, con la delgada textura de los pliegues y la inflada ampulosidad que descubre la pierna del santo. El suave balanceo del mismo está marcado por el adelantamiento de las piernas y por el recurso de recogerse la túnica para facilitar su paso. La caída de pliegues tiende a marcar el giro del cuerpo hacia la derecha, en dirección a la mano que señala. En la espalda una gran diagonal en intenso rojo cálido en dirección opuesta subraya la corporeidad a base de planos y produce sensaciones de perspectiva logradas por el distinto grosor de la talla y la aplicación selectiva del color.