Museo Salzillo de Murcia
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La Caída

La Caída, de difícil composición y fuerte expresividad, muestra los límites del sufrimiento en uno de los rostros más humanizados de Jesús


La Caída fue el primer paso realizado por Francisco Salzillo para la cofradía de los existentes en la actualidad.

Fue encargado en 1752 por Joaquín Riquelme y Togores, renovador de la misma, quien costeó personalmente el conjunto, antiguamente portado por el gremio de carpinteros.

Conjunto escultórico de La Caída
Conjunto escultórico de La Caída

Impactó por su difícil composición, eje lateral, fuerte expresividad, movimiento y gran calidad de las figuras.

Tras las experiencias de Salzillo de años anteriores, la novedad del conjunto quedó asociada a la renovación de los fondos de la cofradía en momentos de gran prosperidad económica traducidos en la realización de grandes proyectos y, sobre todo, en la continua presencia del escultor al servicio de la misma.

Consta de cuatro figuras que se distribuyen en torno a la de Jesús, camino del Calvario, postrado en el suelo. Dos sayones intentan golpearlo, mientras el Cirineo trata de levantar la cruz y un soldado, ligeramente retrasado, contempla la escena.

Detalle de la mano de Cristo en La Caída
Detalle de la mano de Cristo en La Caída

Los brazos de la cruz trazan ejes en forma de aspa. Dijo Camón Aznar que la cabeza de Jesús es “la más dramática que ha tallado Salzillo”. De gran patetismo, sus ojos son vivos y expresivos, llenos de dolor, intensificado con el detalle de la espina que atraviesa el párpado.

Los dos sayones de los extremos están llenos de odio, tanto el que intenta levantar con gran esfuerzo e inestable equilibrio a Jesús, como el que blande una maza llena de clavos.

Simón Cireneo sostiene la cruz lleno de compasión. El soldado representa a la turba y sintetiza el valor del espectador que se incorpora al escenario.

Los actores de este drama son verdaderos exponentes de los fundamentos retóricos de la imagen procesional y de las posibilidades expresivas de una fisiognomía moralizada basada en la oposición de contrarios y en las evocaciones que proporcionaba el rostro sobre los estados del alma”.

Simón Cireneo sostiene la cruz lleno de compasión
Simón Cireneo sostiene la cruz lleno de compasión

Hay que recordar que los pasos procesionales constituían un teatro inanimado cíclicamente paseado por la ciudad.

Sus actores representaban una escena que había de ser clara, persuasiva y convincente, de ahí la dificultad encontrada en la composición, en este caso lateral, como correspondía a los mecanismos teatrales impuestos por su contemplación en movimiento y en escenarios cambiantes.

Fotos cedidas por Joaquín Zamora y Pedro J. Navarro

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