Ambiente artístico

Ya en vida Francisco Salzillo fue considerado por sus contemporáneos como “celebrado escultor de España” y “escultor del mayor crédito de estos reinos”. Con su obra se cerraba el importante episodio de la escultura barroca española en madera policromada.

Retrato de Salzillo, por Juan Albacete

Retrato de Salzillo, por Juan Albacete

La figura de Salzillo en Murcia irrumpía con fuerza tras más de un siglo y medio en el que la escultura había sufrido una gran fractura tras la desaparición de los grandes maestros del renacimiento. Tuvieron que venir artistas y obras de arte de otros lugares para que la escultura sufriera un nuevo impulso a finales del siglo XVII y comenzara a encaminarse hacia una edad de oro. Se importaron obras procedentes de Génova y Nápoles que arribaron por los puertos levantinos, como la Virgen de la Caridad de Cartagena y la Virgen de las Maravillas de Cehegín. El estraburgués Nicolás de Bussy, que trabaja en Murcia por estas fechas, traería consigo la expresividad del mundo centroeuropeo; el escultor de Capua, Nicolás Salzillo el optimismo vital napolitano y el marsellés Antonio Dupar la elegancia del clasicismo francés con sus formas delicadas y la calidad luminosa de sus colores. A la vez, buenos tallistas de retablos como los hermanos Caro estaban elevando en esos momentos el nivel artístico local.

El padre de Salzillo, Nicolás, llegó desde Nápoles a Murcia hacia finales del siglo XVII tras su etapa de aprendizaje en el taller de Aniello Perrone. Su legado más importante no fue sólo el ser responsable natural de la formación de su hijo sino también el haber puesto al alcance de su sensibilidad los logros del mundo napolitano, de maestros o escultores de su generación que trabajan en Nápoles a finales de siglo, como Patalano, Fumo y Colombo.

La escuela de escultura local se consolidaba definitivamente cuando en la Catedral de Murcia se derribaba el viejo pórtico renacentista y empezaba a acometerse el imafronte barroco de Jaime Bort.

En ese extraordinario ambiente de actividad artística irrumpió con fuerza la figura de Francisco Salzillo. Su vida y su obra alcanzaron pronto gran fama y fueron difundidas gracias al estudio realizado por Ceán Bermúdez en 1800, tan sólo diecisiete años después de la muerte del escultor.

Los historiadores de la época de la Ilustración difundieron la imagen de un escultor plenamente identificado con el medio cultural y religioso que lo rodeaba y alabado por un público sencillo que se conmovía fácilmente y que pronto lo elevó a la categoría de genio. La imagen de genio aislado, no exenta de un halo romántico, le presentaba como un hábil artesano reducido a su ámbito local sin contacto con el exterior. Es a partir del trabajo de Sánchez Moreno, ya en 1945, cuando la figura de Salzillo es situada en su justo lugar y se rompe esa aureola de genio aislado en su medio natural. Actualmente la figura del escultor ha rebasado esos prejuicios, pues su obra da a entender que las raíces de su formación son mucho más amplias.

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